lunes 9 de noviembre de 2009

Conversando sobre la Poética del Rock Latino en Casa América

Los recalcitrantes de la “alta cultura” con suerte dirán que sólo Bob Dylan cabe en la categoría de poeta.

Y si habláramos de Latinoamérica, a lo mejor se atreverían a mencionar con simpatía al flaco Luis Alberto Spinetta, más por sus libros de poemas que por sus fulminantes canciones.

Pero basta de purismos y sandeces: la historia del rock está más llena de poetas que la producción actual de muchas editoriales que se ven por allí.

Y aunque en América Latina, dictaduras, represiones y desinformaciones retrasaron un tanto su desarrollo, el rock y pop de la región lleva varias décadas cosechando un interesante historial de versos.

Sobre el influjo literario y el acento poético del rock latino estaremos conversando este jueves, en Casa América Catalunya, Carlos Piegari, ex miembro de la histórica agrupación Sui Generis, Jaime Nieto, periodista musical y director de Latin-Roll, y mi persona.

Jaime establecerá relaciones entre obras concretas de la literatura y ciertas canciones de músicos que hoy ya podemos considerar ‘nuestros clásicos’. Carlos disertará, a partir de su propia experiencia, sobre el oficio del letrista, sus fuentes de inspiración y su reivindicación frente a la poesía lírica.

Y yo me decantaré por nuevos estandartes: neocantautores que, echando mano tanto de la música de raíz como de las aportaciones de la electrónica, vienen renovando el rock-pop latino, desde una canción revisada sin prejuicios congelantes.

En el marco de su ciclo de Música y Literatura, la Mesa Redonda sobre La Poética del Rock Latinoamericano será en Casa América Catalunya (Córsega, 299), este jueves 12 de noviembre, a las 19:30 h.

jueves 22 de octubre de 2009

Las Crónicas del Viento de Lisandro Aristimuño


Viéndolo en directo casi podría decirse que existen dos Lisandro Aristimuño. Está el escoltado por su banda Azules Turquesas, cuyos conciertos ganan en contundencia sonora, prolijos arreglos y excelencia interpretativa; y el del set solo, cuando triunfa su revés de cantautor y sorprende por su capacidad de mezcla improvisada, por su arte para construir en escena, capa sobre capa y ante nuestros propios ojos, toda una orquestación con sólo guitarra, computadora y voz.

Si bien resultaría imposible empaquetar alguna de estas experiencias, su último disco, Las Crónicas del Viento (2009), de cierta manera intenta capturar el encanto de esas dos facetas.

Respirando nuevamente el aire de su Patagonia natal, parte en un doble viaje: en un disco, la entrega intimista en solitario, como cantautor frágil, crudo, con aire y calor de hogar; y en el otro, el vuelo más experimental y sobrecargado, amparado no sólo por los Azules Turquesas, sino también por invitados como Fito Páez y Diego Frenkel, más un arsenal de instrumentistas.

Doble álbum y apuesta –al perseverar en la producción independiente, ahora a través de su sello Viento Azul-, profundiza aquí su búsqueda en un pop sinuoso, extendiendo las fronteras de la canción, a través de un juego atmosférico de vuelo electrónico y ancla folk.

Lo logra con mayor riqueza tímbrica y sofisticación de arreglos en el capítulo I –grabado en febrero en Circo Beat-, donde sus melodías mántricas, cual postales de llanuras interminables, se revisten de matices y sonoridades superpuestas de voz, sesiones de cuerdas y vientos, ruidos y loops. (No hay video, lo que viene es sólo para escuchar y continuar leyendo)



Muy electrónico y cargado, pareciera hacer guiños, ya no a la ciudad de Buenos Aires tan presente en Ese asunto en la ventana (2005) y 39º (2007), sino al mundo que ha visto gracias a sus giras: de un lado, el salto a Europa, y, del otro, el regreso a su tierra, al interior de Argentina, pero también a los vecinos Chile y Uruguay.

“Es como un disco-diario. Está impregnado de viajes”, nos confesó él, en una entrevista que se publicará próximamente en la edición aniversario de la revista Ladosis.

De allí que suenen ritmos de cueca chilena, acordes y letras relacionadas con el viento, el río, llanuras y espacios al descampado, pero también acordeones tipo parisino, ciertas frases o coros en inglés y alguno que otro sampler como de televisora extranjera.

De hecho, la voz en alemán de una niña es la que abre el disco. Pero enseguida se da paso a un sonido muy electrónico y a la vez orgánico, por momentos con ribetes de banda sonora, en el que siempre se logra sentir ese aire a Patagonia, sin las telarañas del museo.

Es un disco de clima templado, calmo, pero aún así luminoso; con un tono juguetón y hasta naive, pero de compleja construcción y lleno de detalles y texturas armónicas que vale la pena escuchar con audífonos.

Su peculiar tino para crear atmósferas a través de capas solapadas de voces, cuerdas y efectos de sonido puede apreciarse bien en la última parte de “Perdón” o en “Green Lover”, cuya letra podría ser parte de un decálogo: “llevo discos de los Beatles… llevo un blues dentro de este rock (o ron)... llevo a Luis cantándole al sol”. (Aquí también coloco sólo audio)



Con tono festivo, en “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay” dialogan bien los loops con las cuerdas; mientras que en “Fin, 2, 3”, “Perdón” o “Cuentan”, asume un matiz un tanto más dramático, certeramente reforzado por los arreglos más orquestales.



En materia de colaboraciones destacan “Y vos adonde estás”, con el rapeo de Diego Frenkel, y el valsecito “Desprender del sur”, con una precisa sesión de cuerdas y la intervención de Fito Páez. No obstante, la interpretación de Aristimuño resulta, a nuestro juicio, más expresiva que la del invitado.



Por su tono juguetón y ese toque bucólico con aires de nuevo siglo, conmueven “Azúcar del Estero” y “Cosas de un soñador”. Inician el tema loops de frases en esa peculiar jeringoza, con la que él suele componer. Y junto con Palo Pandolfo logra un delicado y emotivo fraseo.



En el segundo capítulo, Aristimuño se reconecta con su lado más intimista, aunque no tan desnudo como su último concierto en Barcelona.

Encerrado en una casa en Vigo, quiso “cantarle al invierno y al fueguito”, capturando por micrófono todo el sonido rústico y en crudo de cuando nacen las canciones, con todo el aire, las respiraciones e, incluso, el error. Pero en lugar de quedarse en la onda acústica con su guitarra, toca aquí también batería, bajo y piano, además de apelar a sus clásicos juegos armónicos de voz.

Y aunque líricamente no alcanza la riqueza de un Spinetta, que por sonido a veces pareciera evocar, se sobrepone a los bajos por la expresividad de su entonación siempre al borde del quiebre, por su riqueza armónica y su capacidad para crear piezas ricas en texturas: “Ella”, “Hoy” y “Trece lunas y un laberinto”. (Este último lo coloco a continuación, pero en vivo).



La más desnuda y quizá por eso con un matiz un tanto diferente es “Días Breves”, una descarga un pelín más atormentada, sobre todo respecto al vuelo inocente de “Caminata”, la remembranza en clave folklórica de “Mi memoria”, o la tierna “Trece lunas y un laberinto”.

De invitados en este capítulo sólo cuenta con el español Quique González, pero aunque antes hemos visto colaboraciones interesantes, esta vez la selección del tema nos parece desafortunada. El timbre de voz de González no cuadra demasiado para “Otra canción de cuna”.

Las Crónicas… es, pues, una entrega bastante ambiciosa. Aunque se trata quizá del más universal de sus discos, lleva un paso más adelante esa amalgama que bebe de la tradición, respira por la electrónica, corretea por la experimentación, se estremece en poética trovadoresca y exhala rock argentino.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Paulinho Moska: Continuidad y corte en el sonido brasileño


En noviembre próximo parece visitará Venezuela Paulinho Moska, el músico carioca que empezó a darse a conocer fuera del Brasil, en gran medida como invitado de Jorge Drexler, vinculándose en presentaciones y colaboraciones con el llamado ‘templadismo’. Su sonido, sin embargo, para mí tiene más que ver con la tradición de la Música Popular Brasileña (MPB) y es en la continuidad y a la vez ruptura de esa herencia que encuentro su mayor encanto y fuerza.

En la edición #6 de la revista Ladosis publicaremos una reseña completa de Moska. Pero tras escribir la nota, me que quedé con las ganas de mostrar, además de contar. Así que valgámonos, pues, de la convergencia de medios y divirtámonos un poco.

Paulinho Moska empezó a sonar internacionalmente sobre todo a partir con los discos Todo Novo de Novo (2001) y + Novo de Novo (2007), donde se encuentra su versión en portugués de “La edad del cielo” de Drexler, la canción conjunta “Dos colores - blanco y negro”, o su gran éxito “Lágrimas de diamantes”.

Son estos los temas que suele interpretar junto con el uruguayo, o con el argentino Kevin Johansen –pronto también tocará con Lisandro Aristimuño-, en ese espíritu de intercambio entre músicos de Uruguay, Brasil, Argentina y Chile, acerca del cual he comentado en anteriores post sobre ‘templadismo’. Pero aquí, para variar, coloco una canción que le dedicara Johansen.



No obstante estas vinculaciones, a mi juicio Moska le hace más bien honor a la historia de la música del Brasil. Y no sólo porque de niño viera escondido bajo la mesa de un club nocturno los shows de Caetano Veloso o Gilberto Gil, en el Morro de Pan de Azúcar; o porque de adolescente asistiera a las primeras actuaciones de Paralamas; o porque hoy funja de presentador del programa televisivo Zoombido, por donde han pasado desde Gil y Lenine, hasta cuanto nuevo músico valga la pena conocer.

Lo importante es que como cantante y compositor, Moska es continuidad y a la vez corte del sonido brasileño, o, más precisamente: es la continuidad del corte en el sonido brasileño. En su música puede rastrearse bien el sentido lírico de sus antecesores. Pero no se conforma con la fórmula de canción pegajosa a ritmo de bossa, que el mercado internacional sabe digerir muy bien.

En sus composiciones y performances también está la raíz transgresora del tropicalismo, la inquietud por redimir y renovar los géneros, el ‘contrasenso’, como se llama uno sus discos, y hasta cierto sentido de artista total -de hecho, también es actor y fotoartista, como puede verse en Moska aksoM - Reflexos e Reflexões, y sus fotografías le han inspirado más de un tema.



Aunque siguió inicialmente un camino cercano al rock y el blues con la banda Inimigos do Rei y, en solitario, con el disco Vontade (1993), pronto quiso deslastrarse de los rótulos. Para ello se decantó por dar más nervio a su lírica y cultivar la relación entre música popular brasileña (MPB), pop y rock, con la canción como hilo conductor.

En Pensar é Fazer Música (1995) –cuyo tema “O último día” pegó como abertura de la novela “O fim do mundo” – tiñó sus letras de filosofía existencialista y cierto sabor a Pessoa.



A partir de Contrasenso (1997) se internó en la mezcla y mutación de estilos, hasta dejarse permear por la música electrónica como salvación del mismísimo pop, según decía.



Acompañado por Marcos Suzano y Sacha Amback, exploró entonces sonoridades electrorgánicas, sin olvidar la contundencia de sus letras, logrando así dos de sus más oscuras e interesantes propuestas: Mobile (1999) y Eu Falso da Minha Vida o Que Eu Quiser (2001), donde se pasea entre el pesimismo y el optimismo, bordea el amor y el apocalipsis, retorciendo canciones aparentemente románticas (éste no es video oficial -hay pocos-, es sólo colección de imágenes).



Desde hace un tiempo es el maestro de ceremonia de Zoombido, un programa de Canal Brasil que ya arribó a su cuarta temporada. En un set lleno de objetos espejados -con los cuales también continúa su trabajo fotográfico-, explora a través de entrevistas y toques en vivo, el proceso creativo de figuras como Gilberto Gil, Chico César, Lenine, Vitor Ramil, Tunai, Ana Carolina y Zeca Baleiro.

Su última producción discográfica, Zoombido Vol. 1, recopila trece de las canciones allí tocadas. Pero en Internet se pueden ver, además, bastantes ediciones del programa, un trío de canciones creadas a trozos por 26 autores brasileños, a modo de banda sonora, y, como broche, varios de los temas interpretados con sus invitados. Uno de mis favoritos es “Relampiano”, con Lenine.



En materia de colaboraciones, Moska ha sido inquieto y prolífico. En grabaciones quizá una de las más conocidas sea la realizada con Lenine, Chico César y Zeca Baleiro, de la canción “O Mundo”, que a mí siempre me pareció era para escucharla más en vivo, que en estudio. Ésta no es la mejor presentación, pero da una idea de la fiesta que pueden montar los colosos:



Y esta otra descarga remata muy bien…



Para cerrar no podía dejar de lado su tema más conocido “Lágrimas de diamantes”, pero mejor apelar a la versión acústica. La calidad de la imagen no es tan buena, pero el sonido intimista vale la pena.

viernes 4 de septiembre de 2009

Comiquitas y música o cómo se inicia una melomanía

Esta semana, explorando la exposición El siglo del jazz –en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, hasta el 18 de octubre-, me topé con un viejo dibujo animado: "Three Little Bops", una versión de "Los Tres Cochinitos" totalmente jazzeada, no sólo por la música, sino por el twist picarón –o debería decir bebop- aplicado a la historia.

Dentro de la muestra vino muy bien para tratar el tema en cuestión: la influencia e impacto del jazz, no sólo en las artes e industria conexas a la música -como podría ser el diseño de carátulas a lo Mondrian- sino en todas las expresiones artísticas, incluyendo el cine y la televisión, la pintura o la fotografía.

Pero a mí, además de recordarme viajes y conciertos increíbles en Nueva York o Nueva Orleans y llenarme la cabeza de las melodías que he estado tarareando toda la semana, en esa sala la exposición me conectó con algo quizá más recóndito: con ciertos primeros encuentros con la música y con parte del inicio de mi melomanía, aunque en su momento no supiera de qué se trataba.

Hoy me gustaría compartir algunos de los dibujos animados que me capturaron de niña. No supe hasta mucho después el por qué de su encanto, y el impacto que tendrían en mí. Pero lo cierto es que aún hoy me resulta casi imposible no recordar algunas de estas imágenes al escuchar ciertos temas. Sirvan, pues, para reactivarse tras el vaporón veraniego.

The Sorcerer's Apprentice -Aprendiz de Brujo

Del gran clásico de Walt Disney, Fantasía, de 1940. Aunque prontamente aborrecí las pelis de Walt Disney y nunca me gustó Mickey Mouse, Fantasía es visual y musicalmente imperdible.




The Cat Concerto

The Hungarian Rhapsody No. 2 de Listz es una de las piezas que más se ha utilizado en dibujos animados. Fue interpretada por Bugs Bunny en “Rhapsody Rabbit”, dirigido por Friz Freleng en 1946. Pero yo la recuerdo siempre en “The Cat Concerto”, ganador de un premio de la Academia ese mismo año.




Rahpsody in blue

Fantasía 2000 no pertenece exactamente a mi niñez y, sin duda, la segunda parte del clásico no salió tan bien. El listón estaba demasiado alto para la actual Walt Disney. Sin embargo, no sé si por mi amor a Nueva York y a Gershwin, esta parte me pareció muy buena. Eso sí, en mi mente "Rahpsody in blue," como banda sonora de Nueva York, siempre será de Woddy Allen, en Manhattan.




Three Little Bops

Aunque "Three Little Bops" no estaba en mi catálogo original, fue el que disparó esta retahíla de remembranzas, así que viene bien de bonus track. Es de 1957, fue dirigido por Friz Freleng y cuenta con las voces de Stan Freberg y música del compositor y trompetista Shorty Rogers.

martes 14 de julio de 2009

Desorden Público en Barcelona… y Europa:
Para degustar el mestizo ska caraqueño

Cuando hace unos meses escribía una serie de posts con recomendaciones de sonidos actuales de España para mis amigos en Latinoamérica, mis colegas españoles me pidieron que hiciera el camino inverso y les contara qué pasaba del otro lado del Atlántico, particularmente en mi natal Venezuela.

Y qué mejor que empezar con uno de los pioneros de la escena rock-pop venezolana: Desorden Público, que esta semana comienza su séptima gira europea, mañana estará tocando en la Sala Caracol de Madrid y este jueves aterrizará en la Sala Apolo, de Barcelona.

No se trata, pues, de nuevas caras, sino de historia viva; de una de las agrupaciones que participó –junto con la mítica Sentimiento Muerto- en la conformación misma del actual sonido urbano criollo, y que hoy, más de 20 años más tarde, continúa reinterpretando el ska, apelando a la herencia afrocaribeña, al humor y a la esencia mestiza caraqueña.

Con un característico look de toque new wave –traje y corbata en combinación blanquinegra– Desorden Público apareció en escena a mediados de la década de los 80. Se presentaba básicamente como una banda de ska, con un sonido crudo y sencillo, que acompañaba letras cargadas de humor, o crítica social y política.



En los oídos de los jóvenes caraqueños de entonces convivían distintas sonoridades: la música de los abuelos, que traían de su origen rural cosas como la guaracha, el joropo y el tambor, o, si venían del extranjero, la tradición musical europea; lo que escuchaban los padres, como el swing y el twist, el rock and roll anglosajón y el jazz, junto con la salsa, el mambo, el chachachá y otros sonidos de corte folk latinoamericano; más lo que se podía cosechar en sectores juveniles, como el rock y pop internacional, incluidas las incipientes incursiones regionales.

Con una apropiación “desordenada”, en el sentido de retorcida y transformadora de todos estos sonidos, la música de Desorden Público fue evolucionando hasta convertirse en una particular amalgama de inspiración latinoamericana y caribeña, donde el hardcore se encuentra con el mambo, el punk rock se entrelaza sin traumas con la cumbia, los tambores de la costa central venezolana sirven para el funk, mientras el son y el chachachá son intervenidos por beats electrónicos.

Sería difícil hacer un recorrido completo por su discografía. Pero haciendo un repaso rápido a su hibridación, de su último disco Las Estrellas del Caos -para mí el más maduro musicalmente y también el más experimental y mestizo- podríamos decir que “Hardcore mambo” es una especie de ska con mambo y punk hardcore, en una tónica energética y bailable, donde también puede rastrearse la herencia de La Fania All-Stars. “Baila mi Cha Cha Ska”, tiene un pie en La Habana, otro en Kingston y el resto del cuerpo en Caracas.



“El tren de la vida” recorre Latinoamérica con cumbia y contundentes metales caribeños, al tiempo que en "No vale la pena" el ska y el son se confabulan.“Amargo rencor”, del disco Diablo, acude a tambores afrocaribeños y a una cadencia que recuerda al foklórico Canto de Pilón, para lanzar un cable a la madre África. Del disco DP 18, “Gorilón”, una canción que denuncia jocosamente abusos urbanos y que fue bastante publicitada por su video animado -aunque musicalmente no resultaba tan interesante-, tambores de la costa central de Venezuela dan el color de fondo...

Y es que para definir la peculiaridad de su sonido, quizá valga la pena remitirse al primer track de su último CD. Bajo el título “El caos en clave”, una especie de presentador de shows aclara en inglés, pero con un divertido acento, cuál es la clave de todo:

“May I have your attention please. All this selections from this album exception of the guajira, hardcores and reggaes, are in two, tree clave. You would listen the basic rhythms and patrons of the congas, timbales, drums, bass, guitars, keyboards and brass. It’s play belong with mucho contratiempo and the heavy heavy sabor latino. Ladies and gentleman, con ustedes las estrellas del caos, a gozar ”.

La última frase recuerda, por cierto, las palabras con las que el maestro Billo Frometa, solía introducir las presentaciones de una de las orquestas venezolanas de música popular más famosas de todos los tiempos: la Billo’s Caracas Boys. Ciertos analistas ven en Desorden a sus herederos.

Y aunque la relación quizá suene excesiva, ciertamente la agrupación gana una extraordinaria fuerza en vivo, logrando conquistar, con su sentido del humor, adrenalina y ritmos vibrantes, hasta a los no amantes del género, incluso a rabiosas masas metaleras, como sucedió en el Rock al Parque de Bogotá.

Combate lírico



Su otro componente vital está en las letras combativas. Su mismo nombre nos remite a una posición insurgente, a lo que en estados autoritarios se frena y se califica como “desorden público”. No es casualidad que uno de sus primeros éxitos se llamara “Políticos Paralíticos”.

Curiosamente esta banda no nació en medio de dictaduras. Al contrario de lo que estaba pasando en otros países de América Latina, Venezuela venía gozando de una de las democracias más antiguas de la región. A ello se aunaba un crecimiento económico producto de la renta petrolera que, especialmente entre los años 60 y 70 permitió una impresionante modernización del país, pero que ya para la década de los 80 desató la corrupción administrativa y la decadencia.

Con ciertas dosis de anarquismo, sus canciones reseñaron especialmente el proceso de descomposición de la sociedad venezolana, signada por crisis económicas y políticas que a partir de ese momento empezaron a sucederse una detrás de otra. Pero con el tiempo las líricas también evolucionaron, haciéndose más complejas estéticamente y ahondando en temas de corte más universal: derechos humanos, respeto por el medio ambiente, por las culturas tradicionales y la autodeterminación de los pueblos.

Su espíritu combativo los ha llevado también a otros escenarios. Han incursionado en la radio con el programa Radio Pirata, difundiendo la cultura Ska, y han desarrollado una disquera independiente apoyando al talento local, la producción de eventos y otras acciones alternativas.

En más de veinte años de historia ha habido cambios entre sus integrantes, aun cuando se mantienen los principales líderes: los fundadores Horacio Blanco (voz y autor de la mayoría de las letras) y José Luis "Caplís" Chacín (bajo), más Danel "Dan-Lee" Sarmiento (batería) y Oscar "Oscarello El Magnífico" Alcaíno (percusión).

Éeee, éeee, aaaa, Desorden está en Europa


Reconocida como estandarte del ska latinoamericano, Desorden Público es una banda de culto en países como México, donde no chistan en corear su grito de combate: Éeee, éeee, aaaa, Desorden está en la calle.

Sin embargo, es cierto que su internacionalización nunca ha sido tan masiva como se esperaba, quizá debido a los conflictos con empresas discográficas que se han dado a lo largo de su carrera, diferencias de criterio internas y cierto toque inicialmente demasiado localista en su música, entre otros factores. Pero ahora pareciera estar todo mejor dado para la expansión.

De hecho, ésta será su séptima gira europea, habiendo antes tocado en países como España, Alemania, Italia, Holanda, Inglaterra, Dinamarca, Suiza, Eslovaquia, Austria, Bélgica, Croacia y República Checa. Imágenes de varias de estas presentaciones, así como de México y Brasil, integran su nuevo DVD “Desorden Mundial”.

A principios de año, la agrupación celebró el 20º aniversario de su primer álbum –el primero de ska venezolano- con una reedición de lujo y una gira local que recuperó muchos de los elementos que caracterizaron sus inicios: teatralidad, escenografía y proyecciones de video, e intensa participación-interacción con el público.

“Como sabemos que los conciertos de Madrid y Barcelona estarán colmados de venezolanos y de gente que conoció aquellas canciones, tocaremos mucho de ese primer disco”, nos cuenta Caplis. La gira europea, sin embargo, estará muy centrada en su trabajo más reciente, “Estrellas del Caos”, editado el año pasado en España, Suiza y Alemania.



Para los conciertos en España no sólo esperan a la comunidad de venezolanos. “También convocamos a colombianos, peruanos, mexicanos y latinos en general que andan residenciados por allá”, dice divertido Caplís. Pero lo más interesante es el variopinto público europeo que se han ido ganando a pulso:

“Te puedo mencionar casos como el de una amiga polaca residenciada en Barcelona, que aprendió a hablar español gracias a los mails que nos mandaba como buena fan. Esta vez irá al show con sus hermanas que viven en Polonia y en Inglaterra. También están unas chicas japonesas que irán a España para ver a los Tokyo Ska Paradise Orchestra y… ¡a Desorden! En Bélgica y Alemania hay otra legión de amigas a quienes les encanta el SKA de ACÁ. Y unas suizas hasta se vinieron a Venezuela para ver como era el país de una banda tan divertida”.

Este jueves 16 de julio, Desorden Público estará acompañado en la Sala Apolo por la banda también venezolana, Luz Verde, residenciada desde hace algunos años en Barcelona.

(De su último disco no hemos conseguido muchos videos de buena calidad, y es difícil capturar su energía en vivo. Sin embargo, aquí colocamos algunos de corte nostálgico, y un par de temas del disco Estrellas del Caos, aunque no son videos oficiales).

lunes 29 de junio de 2009

Sónar 2009 y su encuentro con África:
Lo cool y el primitivismo en el nuevo milenio


Ser el centro de lo más innovador de la cultura urbana es una idea -o un desiderátum- que cruza todo el Festival Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia de Barcelona, Sónar. Es a esa figura que pretenden acercarse y, si pueden, capturar para sí, desde la misma ciudad que lo alberga y lo apoya institucionalmente, hasta los patrocinadores y esos asistentes que se revisten de sus atuendos más ‘modernosos’ y no tardan en convertir la ocasión en sesión fotográfica alternativa.

“Art and cool inside”, decía en sus vitrinas el El Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), invitando seguramente no sólo a disfrutar del aire acondicionado, sino a completar la experiencia ‘cool’ de pasearse por sus minimalistas pasillos blancos; ver ese arte “de avanzada”, como promete el nombre del evento; y, con suerte, integrarse con él, al juguetear con los artilugios expuestos en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), dentro de SonarMática.

En su 16º edición, el Sónar quiso retomar su perfil electrónico originario y para ello revivió a clásicos del disco y el techno, como Grace Jones y Orbital, y hurgó entre los emergentes artífices del ritmo, así como en sus vertientes más pop, más rock o más experimentales.

Pero como si se tratara de un capítulo sobre lo Ur Pop, en el Homo Sampler de Eloy Fernández Porta, esta vez lo ‘cool’ se encontró con el primitivismo. La línea trazada al futuro, desde ese espacio ultramoderno y eurocentrado, se cruzó con el África. Y fueron sus sonidos exóticos, su energía y su rastro analógico los que terminaron de conducir al trance.

Primero fue el jazzman etíope Mulatu Astatké, mayormente conocido en Occidente por la banda sonora del film Flores Rotas. A sus sesenta y seis años, contrastaba un poco con su traje blanco y aire solemne frente al vibráfono. Pero con una mezcla de funk, jazz, guiño latino y sonoridad tradicional etíope logró hipnotizar y compactar en el sitio a esa masa generalmente itinerante del Sónar Día.

El vuelo etnojazzístico no paró ni ante las deficiencias de acústica, ni ante el par de interrupciones eléctricas sufridas en la carpa del Sonar Dome. A fuerza de palmas y toda clase de giros astutos por parte de la banda The Heliocentrics continuó implacable, fresco y clásico a la vez.

Más tarde lo que terminó de montar la fiesta fue el ritmo hipnótico, pero crudo y analógico, de la banda congoleña Konono Nº 1. Con ocho músicos, coros con tendencia tribal, mucha percusión y sus peculiares likembes -los pianos de pulgar que su líder potenció con lengüetas recicladas de desguaces de carros, y micrófonos caseros-, puso a bailar a todos sus larguísimas piezas, plagadas de ritmos cíclicos, progresiones extendidas y descargas frenéticas. Después de todo, también era trance.

Al día siguiente, el sirio Omar Souleyman volvió a calentar los ánimos que con estrellas emergentes como La Roux se habían mantenido sólo tibios. Y no le hizo falta demasiado: unos tecladillos como de feria, un laúd y su imponente presencia, con lentes oscuros y turbante, bastaron para que la masa juerguista del Sonar Village comenzara a bailar los ritmos mántricos y festivos del tradicional dakbe, obviamente de la forma menos ortodoxa que él hubiera podido presenciar.

La estocada final vino con Buraka Som Sistema, que trajo por segunda vez su kuduro, la versión angoleña del house, combinando soca y rai con electrónica y rap, e inyectándole además otros ingredientes como breakbeat, dubstep y grime, para erigir una exuberante fiesta anclada en lo atávico, pero de vuelo futurista.

El sondeo al “latido africano” resultó, pues, más que exitoso. Y aunque los organizadores aclaran que el Sónar no se convertirá en un festival étnico, para próximas ediciones aseguran darán aún mayor fuerza a las propuestas de África que apuesten a la renovación de la música tradicional, a través de las nuevas tecnologías. En tiempos de integración europea y crisis mundial, miren, pues, de dónde provienen los sonidos de avanzada.

Más del Sónar

En el próximo número de la revista LaDosis saldrá mi informe completo de la edición 2009 del festival. Como adelanto, aquí he publicado algunas otras notas:

lunes 22 de junio de 2009

Cuchillo en entrevista para la revista LaDosis:
“Al hipnótico filo del folk”

Hace unos meses escribía, en una serie titulada Música contundente para llevar, un post acerca de Cuchillo, un dúo que comenzó conquistando la escena catalana con minimalistas toques en directo, y que en 2008 terminó de erigirse como banda revelación en las listas españolas, gracias a un disco debut de inspiración retro y melodías revestidas de loops.

Oriundos de San Sebastián y Vigo, Israel Marco (Guitarra y voz) y Daniel Domínguez (batería) se conocieron en el emblemático Café Zurich de Barcelona -sí, no es cliché- para dar origen al grupo.

No lejos de allí me encontré con Israel, el compositor de la banda, para una entrevista de presentación a Venezuela, que se acaba de publicar en la edición #4 de la revista LaDosis, y que aquí reproduzco en versión ampliada.

Si de introducciones se trata, los medios y la crítica no dejan de ubicar a Cuchillo entre lo mejor y más fresco de la Península: 1er. Mejor Debut y 2do Mejor Disco Nacional de 2008, según Muzikalia; Mejor Disco Nacional para Go Mag; 4to Mejor Disco en el ranking de Scanner FM, y el 8vo. mejor según la revista Rockdelux.

Enlazando loops de guitarra, armonías de voz, baterías con distintas texturas y mucha percusión, han teloneado a grupos como Black Rebel Motorcycle Club, Damon & Naomi y Carla Bozulich, además de compartir escena con bandas amigas como The Black Angels y Magic Mirror.

Sus directos siempre sorprenden. Es difícil creer que lo envolvente de su sonido proviene de sólo dos músicos que experimentan con capas de guitarra, voz y batería. Y a la hora de definir su sonido no hay más remedio que acudir a una retahíla de referencias que van de la psicodelia británica y de la Costa Oeste de Estados Unidos, al krautrock alemán, el post-rock y el folk.

“Hay gente que dice que sonamos muy americano o británico, pero para ellos somos exóticos”, comenta divertido Israel, recordando la gira que los llevó de Tucson a Portland, pasando por el desierto de Joshua Tree, hasta San Francisco, Los Ángeles y Nueva York. A éstas y otras ciudades volverán al final del verano, luego de varios toques por España y Europa.

Este 17 de julio se presentarán en la Plaça del Rei, en el marco del Festival Grec 09, junto con Bèstia Ferida y DJ Manu González. Y ya están debatiendo sobre lo que será su próximo disco que, según prometen, seguirá al filo de las clasificaciones.

-Cuando se habla de Cuchillo se menciona desde Popul Voh, hasta Syd Barret, la Velvet Underground y The Byrds. Aunque pueden ser odiosas las clasificaciones, ¿cómo se presentarían a Venezuela?

Para mí siempre es muy difícil clasificar, porque es la música que hago y debería hablar por sí sola. Además, clasificar no es mi trabajo (risas)… pero diría que es un rock muy abierto, con un punto muy hipnótico y también un mimo a la canción, por lo cual podríamos decir que también tiene una raíz pop. Es más como un rock fronterizo hipnótico experimental, con pinceladas de folk.

-En Cuchillo puede percibirse claramente una raíz de psicodelia. ¿Qué cosas han tomado de los 60 y 70 y cuáles serían los aportes que los ubican en la actualidad?


De los 60 está sobre todo la psicodelia a nivel de apertura y de dejarte llevar por lo que es la canción. Y de los 70 está la parte más experimental del rock europeo, el krautrock alemán y el vuelo de cuando llegaron las nuevas tecnologías. Es un rock alejado de la raíz del blues, con progresiones muy largas y un esquema de canción distinto, porque no es verso-estribillo-verso-estribillo, sino que vuela un poco más. De ahí viene la parte más hipnótica y ambiental.

-¿Y lo actual vendría dado por el uso de loops y las nuevas tecn
ología que, entre otras cosas, es lo que les permite sonar como una banda siendo sólo dos?

Claro, es el uso de loops, pero también viene de intentar sonar a nosotros mismos, que somos de ahora, por lo tanto es música actual. Montar una banda de dos personas ahora es más fácil. Existen limitaciones, pero también es algo positivo, porque cuando son dos personas, te concentras en lo esencial. Buscas rellenar huecos, pero muchas veces no puedes, entonces lo dejas crudo y te vas más a la esencia de lo que es la melodía, de lo que es el sonido en sí y el vacío que puede haber en un dúo de batería, guitarra y voz. Creo que Cuchillo hace una música europea, con raíces americanas e inglesas, pero música europea española actual.

-Es curiosa la riqueza que logran entre los dos: melodías revestidas con varias capas de armonías
de voz y guitarra, percusión minimalista pero también envolvente. ¿Cómo hacen para que no se sienta un espacio vacío en el escenario, o para que ese vacío sea un valor?

Creo que el punto es que la canción manda, siempre va a un lugar, y creo que entre los dos lo conseguimos. La parte armónica y melódica, que es la que yo trabajo, con el motor de la canción, que puede estar en las guitarras y las texturas de batería de Dani, funcionan.

Hay músicos que se quieren lucir y te dicen “yo quiero meter este redoble que me sale de puta madre”. Y uno: “pero tío, la canción no quiere ese redoble”. Dani, en cambio, no sólo tiene un oído excelente sino muchísimo gusto. Sus baterías son muy ambientales, con mucha percusión, muchas texturas. No suele haber ritmos clásicos de bombo, charles, caja.

Es una cosa coja, pero en el buen sentido, como puede ser la Velvet Underground, que es sólo un timbal y una pandereta. A veces no necesitas más. La lucha es conseguir un ambiente a partir de esos vacíos. En directo todo es mucho más visceral, te dejas llevar por el sentimiento del momento y por la canción. Realmente en directo es donde más disfrutamos. Al entrar al estudio, depende de cada canción, pero intentamos mantener la esencia de dúo. Lógicamente metemos más arreglos e instrumentos, porque tratamos de forma distinta al estudio y al directo.

-Aunque te remites a la canción, su sonido no se parece al de los grupos pop español actual, ni por la instrumentación, ni por la forma de cantar. ¿Qué buscas con tu voz?


La voz yo la trato como un instrumento más. En la mayoría de los temas hay una línea de guitarra que es la línea melódica, y lo que hago es trabajarla también con la voz. Se crea una especie de dúo entre la guitarra y la voz. Eso me viene, no sólo porque me gusta como suena de esa manera, sino porque en mucha de la música que escucho, Los Beatles y Robert Wyatt, por ejemplo, funciona así.

En la música africana pasa lo mismo. Ésa es mi influencia vocal. Algo parecido sucede con las letras, también están muy ligadas a lo musical. Está el mensaje, pero siempre viene dado por el efecto de la música en mí. Rara vez he escrito una canción a partir de la letra, siempre empiezo por la música.

-La influencia
africana no es tan evidente, ¿qué escuchas de África?

Un montón de cosas. De lo actual me gusta Tinariwen, que es un grupo tuareg asentado en Mali. Tiene un poco la raíz del blues, de la mano de Ali Farka Touré, pero siempre manteniendo ese punto hipnótico, sobre todo en las guitarras. Es una música muy de desierto. Escucho “funk” africano como puede ser Fela Kuti o un montón de grupos de Ghana; había mucha escena en los setenta. Escucho el neo-reggae de la rumba congoleña.

-¿Y de acá de
España?

Mmmm… me gustan algunas canciones de Nacho Vegas. Hay cantautores que me gustan, pero no hay nada que realmente me capture en todos los discos, sino cosas puntuales. En cambio en el flamenco está Camarón o Paco de Lucía; no hay nada como eso. Y luego, más cerca de lo que hacemos, una banda que me gusta y de la cual sí soy muy fan son Los Brincos. Hicieron grandes canciones y sí me han influenciado mucho.

-¿De Latinoamérica?


Conozco cosas, pero sobre todo argentinas y brasileñas. Me encanta Caetano Veloso, el tropicalismo, Os Mutantes, Gilberto Gil, Vinicius de Moraes.

-¡Pero si todo es también de los 60 y 70!


(Risas). Claro, pues de los actuales conozco poco. Conozco de Argentina a Pescado Rabioso, que también es de los 70. De ahora el Kevin Johansen me gusta. Pero bueno, realmente no conozco mucho, y de venezolanos no conozco nada. Seguro tú me puedes ayudar en eso.

-Tus letras son mayormente en inglés. ¿También es por la sonoridad d
el idioma?

Para mí el idioma del rock es el inglés, de hecho la palabra es inglesa. Entonces casi por defecto compongo en inglés. Pero cada idioma tiene su clave. Hay veces en que por sonido me funciona mejor el inglés, y hay veces en que funciona mejor el castellano. Está en función de lo que uno quiere transmitir. Cada lengua tiene sus virtudes. La palabra amor en francés, tiene una connotación mucho más fuerte que love. En “Summertime in Sweden” hay dos versos en sueco. Y ahora estoy trabajando en una canción que posiblemente sea en francés. La lengua es también muy libre para mí.

-¿Cuál es el próximo reto, musicalmente hablando?


El próximo disco es un reto, porque va a ser distinto. Todo está yendo por un camino bastante más experimental. Será más ambiental, siempre con un respeto por la canción y el trabajo en la melodía, por lo que siempre va a estar ligado al rock y al pop, pero mucho más experimental.

No sé si habrá un sonido estrictamente psicodélico, quizá sí porque lo tengo en la sangre. Pero creo que la psicodelia estará más por conectar con el alma en un sentido musical, por dejarse llevar e ir hacia terrenos desconocidos, por experimentar cosas que sólo puedes hacer a través de la música.

Trabajaremos más con las sensaciones, ésa es la parte psicodélica que siempre va a existir, pero lo que viene tendrá un punto más oscuro. También va a ser difícil de catalogar, así que tendré que llevar mi lista de adjetivos para que los pongan en las notas de prensa (risas).

LaDosis #4

Presentada el pasado 14 de junio, ya está rodando por las calles de Caracas la edición #4 de la Revista LaDosis.

Un extenso reportaje sobre la Movida Acústica Urbana, el colectivo de ensambles instrumentales que viene renovando la música de raíz venezolana, ocupa la portada.

También se incluyen en esta entrega una cronología sobre el desarrollo del rock progresivo y sinfónico venezolano; notas sobre el bajista Oscar Fanega y el salsero Gerardo Rosales; entrevistas a Jorge Drexler, Zeta Bosio y la mencionada a Cuchillo, además de reseñas de conciertos, libros y discos, y otros análisis.

LaDosis se consigue gratuitamente en Discotiendas Esperanto, las universidades Católica Andrés Bello, Metropolitana, Santa María y Simón Bolívar, el Goethe-Institut Venezuela, la Alianza Francesa, el British Council, así como en distintos conciertos y eventos.